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domingo, 10 de febrero de 2019

07-09-2018



I feel bitter
I feel like a dirty old rag
that only bickers
I should get that whiskey
to feel as shitty
as I deserve

Beneath the soil


31-07-18


Deep beneath the soil
Beneath the root,
way beyond the cement and the underground rails,
under the layers of sediment pressed down my chin,
I lay resting
deep beneath the soil

White Man


09-08-2018

He was a white man
White skin
White hair
White beard, perfectly trimmed
He was a white man as he walked with books hugged between his hands
He was a white man and he walked away

sábado, 9 de febrero de 2019

Salar Guerrero Negro


Hay tiempos que dicen, que en otros tiempos existió una muchacha mexicana antes de la nación, de cabellos negros y lacios, piel del color de la arcilla que con sus manos moldeó.
Chica pequeña con visión de dioses muertos, que un día soñó, con un rostro blanco teñido de naranja, vomitando odio viscoso sobre papel.
Presidente, escucha decir con palabras en otra lengua que evade su sueño.  El sonido cayendo sobre el desierto, apilándose y bloqueando su visión.
Dicen también, que la niña salió corriendo sobre sus pies pequeños
corriendo por el desierto luego de su sueño
Dicen que corrió durante días, otros dicen que fue durante semanas. Pero la niña sí corrió al norte, donde su sueño pasó, allá donde la tierra se seca más y se hablan con otras palabras.
Y corrió y corrió, manchando la tierra de un rojo infantil, testigo de su huida.
Entonces cayó y sobre tierra craquelada apoyó su mejilla.
A lo lejos, todavía la seguían
los ecos del hombre de su sueño
Acortando la distancia y pronunciando su nombre con orgullo retorcido
TRUMP
Resuena en la planicie, forzándola a encorvarse.
Trump
Resuena entre la tierra, haciéndola morder su labio.
t r u m p
Resuena en su oído y rompe en llanto.
Y la niña lloró y lloró, empapando y saturando la tierra.
Lloró, soltando el terror sobre la tierra.
Lloró, liberando el terror del futuro.
Lloró, temiendo por los descendientes de su hermana
Lloró, con el corazón roto por los hijos que no verían a sus padres
Dicen, entonces, que la niña lloró un mar
donde la sangre escapó su cuerpo, volviendo las aguas rosadas,
donde su cuerpo se hundió
hasta que la sal se secó
allá en ese lugar que llamarán Guerrero Negro.


----


Salar Guerrero Negro, Salinera más grande del mundo

Personaje contemporáneo: Trump

Mito de origen del salar guerrero negro, México, para la clase Subalteridad y Escrituras creativas

Kintuante


Nombre que se siente extraño en mi boca, mi lengua no conoce tu reverencia.
Voy rodando cuesta abajo en el mundo en que aprendo a vivir, estar, esistir.
El momentum se acumula para dejarme chocar con las paredes del camino, las casas, los padres, los que creen tener poder sobre mí, comandándome desacelerar y los que ofrecen su ayuda, alzando manos para atraparme, solo para ser arrollados.
Pero oh… No. Soy víctima y fruto de la gravedad a este punto.
Kintuante, ¿eres pendiente, inclinación…?
Necesito raíces que anclen freno, que se extiendan como tus ríos allá en el sur, venas de tu gente.
“Newen”, eso es lo que necesito para frenar la caída.
Pero oh… No. No puedo invocar tu nombre en búsqueda del sentimiento.
En cambio, me siento aquí: intrascendente winka usando palabras que se deforman en músculo lingual atrofiado, novicio en disciplina, con ojos tintados de noches sin luna, de insomnio siempre presente.
No tengo dios ni teoría para tacharte de mitología,
solo mis espectros y fantasías
que susurran a mi oído
que escuche tu fluir.



- Escrito para la clase de Subalteridad y Escrituras Creativas

That Chain Smoker // Identity


31-01-2019
dude.
I am that chain smoker by the window at three am, I whisper into my cigarette.
The one that listens to the one that whistles at night, hoping no one lends them an ear.



- Written at my window, at 3 am

lunes, 5 de marzo de 2018

Plaza


4-03-18
Ellas leen en la plaza, el mundo se mueve a su alrededor. La música melancólica ambulante de una solitaria guitarra acústica eléctrica acompasa junto a las bocinas del tráfico: sonidos de mundos sintonizados
Leen, otros mundos resonando, sin embargo, son las cuerdas las que llevan la melodía, subyacente y arrasante.
El músico está oculto a la vista, pero su presencia es siempre presente, eje inamovible del universo este segundo.
Una se vuelve hacia su abuela y pregunta:
“¿Qué hora es?”
“Veinte para las ocho” ojos fijos en el reloj.
“Se me ha ido el sol” responde ella, cerrando el libro.

Rieles

27-02-18
Voy a ayudar, dirección norte
a ayudar
mientras me deslizo
deslizo,
deslizo en los rieles del metro
deslizo
deslizo a velocidades a las cuales mi alma no puede seguir

Recovecos

4-02-18
Por algún motivo, una parte de mi estaba preocupada de que el gato no se metiera en dimensiones bolsillo en las esquinas y recovecos de mi pieza. Por eso me tenía que mantener despierta.




- Escrito apenas consciente a las 5:34 am

jueves, 1 de febrero de 2018

Thick coffee

28-01-2018


Thick coffee
Dense
.a syrup of caffeine and sugar
Dense and clogging like
clotted b l o o d
Sticking to my lips, embracing my throat
One
Sip
At
The
Time

HESITANTLY

One
Sip
At
The
Time

I drink.
Still the substance my tongue touches,
caresses its density, its no-shape form, its liquid body
As I swallow

l i f e 

Vuelto

11-12-17
hoy me dieron el vuelto con un billete,
específicamente, un billete de luca.
¿o se dice me pagaron el vuelto?
este billete, claro, noto que algo extraño tenía
pero aún así me apresuré en volver a guardarlo y salir de la cola
sí, del tamaño correcto,
                de la forma correcta
pero hay algo mal con el color
De hecho, es un billete peculiar
es demasiado no verde, ojo.
Mi billete está manchado con sangre.
al fin y al cabo la sangre cuenta una historia, no?
pero no sé si me interesa
porque no es poca sangre
no parece de un corte
Aún así guardé el billete
lo debo lavar
y
entonces
se irá
.
.
.

la sangre

Swirl, swirl infinite tea

11-12-17
swirl, swirl infinite tea
to make worlds and set the foundation of caverns
swirl, swirl infinite tea
to bribe warloks into doing your bidding, karma’s work
swirl, swirl infinite tea
into the ocean’s rivers of sulfur and salt
swirl, swirl infinite tea
to place souls into the surface, and make them live
swirl, swirl infinite tea
grant mortals a sip for wisdom to discern a world from another
swirl, swirl infinite tea
to keep my feet on the ground and my head away from the saw
swirl, swirl infinite tea
for  you’re the gods of old’s blood, congealed into soup
swirl, swirl infinite tea

gimme a cup to set my worlds on place

The blasted lands of the Dying Earth, year 7853021 After Ascension

02-02-2018
The blasted lands of the Dying Earth, year 7853021 After Ascension

The crowd scattered like cockroaches fleeing the second the gates opened. They swarmed the shade and left room for no one else, no room for the weak or the dying.
They left their imprint on dust floating in the air, staying up in a moment of ingravity, in seeming permanent nonmotion.
I had just arrived this universe so I didn’t know what was the significance of the sunset through radioactive clouds, of that orange light that seeped by the opening of the gates.
A fast hand dragged me to the shadows and stayed over my mouths, tracing the patterns over my lips to signal me to stay quiet.
It was my companion, my guide through this universe. A native of this quantum spectrum to take care of my naïve steps.
They lowered me and huddled me closer to them. The distinctive warmth of the inhabitants of this place grounded me into existence.
The gates did not close. The refuge was now exposed.
My companion whispered into my ear canal.
 - The scavengers are here. – they said, a coded death sentence.
I could only look at them in uncertainty.
- Many, many, many nights ago, when the bombs just fell, we made a pact with the ones who run wild in the desert.
I nodded. These were the beings I came here for.
The scavengers roamed the dirt streets of the refuge, a city made of scraps and metal. They sniffed the air and licked their lips with the only tongue they had.
Human physiology is a mystery for all ascended creatures in many universes. My companion was one too, but the refugees were tainted with radiation.
Uranium, nasty primitive stuff.
I drew back from the protective embrace of my companion and peeked through the corner.
There they were the scavengers dragging the dying out of their homes, the sick from their beds and the dead from their graves.
There is two places that became useless after the bombs fell, my companion tells me, the first are Hospitals, medicine forever forgotten, and Cemeteries, so death became restless.
The scavengers dragged their hunt out of the city, merciful to the residents and they feasted.
For all I have traveled this is my final destination, the blasted lands of the Dying Earth, where cannibals thrive in radioactive flesh.


viernes, 8 de diciembre de 2017

Sombras

Pasa a veces, que las sombras nos persiguen
avanzan con nosotros, siempre por detrás.
Criaturas inmateriales que voluntad obligan
a apresurar el paso, un susurro al cuello.
Peligroso es cuando las sombras toman cuerpo
cuerpos gruesos y más tangibles de lo que la realidad acomoda.
Cuando esos susurros llevan aliento,
murmurados llevándote al impasse
frente a tu portón.
El cuerpo reacciona rápido, la alerta
gobierna, controla, dicta.
Todavía no estoy seguro si el temblor
de mis manos
mis pies
mis pensamientos
es parte de mi emergencia
o es efecto, manifestación del poder
de la sombra.
Me siguió, claro, desde el negocio de la esquina.
Es fácil, porque aquí gobiernan las sombras de umbra
y las flores nocturnas, no hay escudo más perfecto.
Son sus pasos, lentos acordes de piano marcando mi ruta
siempre un poco, oh, solo un poco detrás.
Solo después que cierro el portón, la puerta, el ventanal, mi vida, mi cabeza
dejo de temblar, olvidando su presencia
Créeme, oh, créeme, que no siempre las guaridas son seguras
porque poco a poco, oh, tan poco

escucho su respiración desde mi ventana.


Escrito 08-12-17

lunes, 20 de noviembre de 2017

Muñeca de trapo

El techo se alzaba sobre mí. Alto, imponente y aun así, sumido en sombras, las luces colgaban de cadenas, moviéndose al ritmo de la ventilación. Es estúpido que un supermercado tenga techos tan altos. Me apoyé sobre el carro de compras mientras veía la fila alargarse hasta las cajas. Suspiré y le eché un vistazo a mi hermana. La pequeña pendeja ruidosa cleptomaniaca estaba revoloteando entre la gente, sacando pequeñas cosas de los carros de la gente que hacía fila para tirarlas sobre el nuestro. Sacaría todas esas chucherías del carro antes de que fuera mi turno.
- ¡Ignacia ya para! – gruñí, molesto. – Se supone que te comportes como la mayor.
Ella no me escuchó y siguió en lo suyo. Me di la vuelta y casi era mi turno, así que empecé a descargar mis cosas sobre la cinta transportadora del mesón. Al terminar alcé la mirada y me encontré con la suya.
No lo admitiría, pero ella era la razón por las que hacía las compras a estas horas de la noche.
La cajera me miraba con una sonrisa que me hacía sentir cálida, no pude evitar sonreír como estúpido de vuelta, soltando una risa nerviosa. Era pequeña, trenzas de rojo oscuro enmarcaban sus hombros estrechos mientras pasaba los productos por el lector y ojos miel fijos en su tarea.
Por un segundo, se detuvo, examinando un paquete de tallarines.
- ¿Compra del mes, no? – me preguntó sonriendo de nuevo.
Algo dentro de mí gritó en desesperación, intentando contenerme de decir algo estúpido a continuación.
- Sí, sí… - mascullé, riéndome nerviosamente. - ¿Mucha gente hoy?
Ella alzó la mirada y soltó un suspiro.
- Sí, es la quincena, pero no tanta gente como la última vez que te vi.
Enmudecí un segundo mientras sentía mis mejillas calentarse.
- Vienes seguido, ¿vives cerca o las ofertas te atraen?
Reí nerviosamente, jugueteando con las basuras y amuletos en los bolsillos de mi chaqueta.
- Vivo al otro lado de la ciudad, pero los descuentos son… - dije, perdiéndome un segundo en el movimiento de sus manos – irresistibles…  ¡Y me queda cerca del trabajo! – añadí, apresurado para no parecer tan desesperada.
Ella, de nuevo, solo sonrió y volvió la mirada hacia mí.
- ¿Débito o crédito?
- Efectivo – dije, mientras buscaba entre mi alforja por la billetera.
Huesos, piedras, ramas, cuarzo, papeles y carbón, todo lo que necesito menos la billetera. Toqué rápidamente los bolsillos de mis pantalones, mis manos temblando ante las miradas desaprobatorias de la gente detrás de mí. Apúrate.
Saqué mi mochila del carro de compras y dios, qué estaba pesada. Mi pecho se apretó con la ansiedad de presumir qué había adentro. Lentamente, y moviéndome para que la gente de atrás ni la cajera vieran los contenidos de mi mochila, la abrí y metí la mano para seguir buscando la billetera. Toqué paquetes de galletas, cuchillos, tazas y todas las cosas que mi hermana metió de contrabando. Pero era muy tarde para sacarlas y pretender que había olvidado ponerlas con las demás cosas.
Por eso me había dejado ahí.
Cerré mi mochila con cuidado y palpé mi pecho para sacar la billetera del bolsillo interior de la chaqueta.
Le pasé el billete más grande que tenía y al recibirlo, sus manos se demoraron un poco, tan solo un poco más en retirarse.
-  Tranquila – susurró.
Esperé por el vuelto y de nuevo, sus manos envolvieron las mías al darme los billetes y monedas. Sus dedos rozaron el azufre y la sal tatuados en mis nudillos.
Un escalofrío me recorrió, no podía apartar la mirada de sus ojos.
- Mi nombre es Camelia – susurró, con esos grandes ojos café. - ¡Qué tengas un buen día! – añadió más alto, volviendo a un tono profesional ausente en toda la conversación.
Y volvió la mirada al siguiente cliente en fila.
Es de noche, recordé, mientras le pasaba unas monedas al chico del empaque y metía mis bolsas dentro de mi carrito de mano.
Al traspasar las puertas automáticas del supermercado fui cegada un segundo por las luces de un coche doblar en la esquina, enviándome a otro mundo tan solo por un segundo. Al volver sacudí la cabeza y Muriel estaba a mi lado.
- Tu hermana me dijo que te esperara acá. – me informó con su voz tan inexpresiva como siempre.
Suspiré, esa vieja bruja siempre desaparece cuando le conviene.
- Es mejor si no vuelves solo. –siguió y emprendió la marcha.
La ciudad… es la ciudad, no tengo otro modo de describirla. Serpentea y gira en torno a los cerros sobre los que se asienta. Respira al ritmo de los pies sobre su cemento, sobre sus adoquines. Su lógica vertical nos condiciona en nuestro movimiento.
Mientras caminamos, las calles giran, subimos y bajamos hasta que nuestros pies están arriba y el carro cuelga de mis manos. Las calles paralelas a los acantilados en esta ciudad nos recorren como médula espinal, los pies de nuestras criaturas sujetos a ellas por una magia tan antigua que ni siquiera yo comprendo.
Muriel, a mi lado, camina tan solo un paso más atrás. Él es una alta figura inamovible, una complexión dura y pesada en contraste a la amabilidad de su mirada, en esos lánguidos ojos verdes, escondidos por la capucha. No habla, casi nunca habla cuando estamos juntos, cuando está con otra gente, pero su expresión está en las paredes de la ciudad.  Él es el dueño, el autor del arte que nos rodea, sus figuras y colores, sus mensajes encriptados están en cada mural, en cada casa abandonada.  Me detengo un momento, mirando al otro lado de la calle, Muriel también, pero sus ojos están perdidos en busca de un nuevo lienzo.
- El metro está cerrado.  – declaré, mi voz denunciando mi decepción.
- Por eso te acompaño a tu casa. – me recordó Muriel.
- Gracias, hermano. – le dije, mientras apretaba su hombro con la mano libre.
- A tu hermano no le gustaría que me llamaras así – dijo, volviendo a caminar, pasando el cartel del metro y hacia los semáforos.
- Mis hermanos están locos, Muriel. – comenté, retomando la marcha tras él.
Y caminamos, creo, durante toda la noche. No bromeaba cuando dije que vivo al otro lado de la ciudad, más allá, incluso.
Amanecía cuando llegamos a la quebrada. Suspiré al ver la escalera frente a mi, vertical e imponente. Subirla con el carro iba a ser complicado, pero veía el camino fácilmente, ahí, entre las salientes entre los escalones, cada uno más alto que Muriel y yo juntos, él había pintado en espirales morados los lugares en los que era más fácil apoyarse para escalar.
Entonces sentí un cosquilleo detrás de mí, una presencia efímera e inquietante, un roce suave justo por sobre la correa de la mochila en el hombro. Me giré y esos ojos cafés me desconcertaron.
Ella sonrió antes que pudiera reaccionar.
- Hola.
- Camelia… - susurré y ella se me adelantó, con un paso juguetón.
- Así que vives por aquí… - me dijo, mirando la escalera en frente de nosotros. – No te preocupes, yo también vivo por acá, pero no caminé toda la noche, ¿no?
Soplé aire por la nariz incómodamente antes de sonreírle como estúpida.
- Haha, sí… Vine caminando con mi amigo, Muriel.
Él solo le dedicó una mirada y una leve reverencia con la cabeza, ella hizo lo mismo.
- Creo que vamos en la misma dirección. – dijo y trotó hacia la escalera.
Había algo en la forma en la que se movía que me hacía sentir que algo no estaba bien, que ella había aparecido aquí a propósito. De todas formas, no podía evitar querer seguirla.
Sin poder sacarme la sonrisa de la cara, empecé a escalar las escaleras a su lado.
Cada peldaño es un mural pintado por mi amigo, colores brillantes que se pueden ver incluso en la noche. Son las confesiones y el retrato histórico de los recuerdos y sensaciones de Muriel en esta escalera. Él nunca pinta algo fuera del lugar en que lo sintió.
La subida nos tomó media hora, al menos, era difícil escalar con una sola mano, mientras sostenía el carrito. Y estando distraído por ella. Camelia hablaba, hablaba de todo y nada, palabras vacías de significado como una canción de la que solo puedo entender la melodía, escalaba absorta en ella. Sé que ella sabía en el estado en el que estaba y lo disfrutaba.
Me detuve un momento, no podía seguir escalando el último peldaño hasta la cima, no sentía el brazo que sujetaba el carrito.
 - Muriel, hermano, tú eh… tienes más fuerza que… ¿todos? ¿Podrías subir tú el carrito hasta arriba?
- Sí, dale.
Él me miró y puso su mano en mi zona lumbar, dándome el impulso que necesitaba para llegar a la cima junto al carro.
- Gracias, Muriel… - dije, mientras me sentaba contra una roca.
Aquí en la cima, el cielo empezaba. Estas son, sin duda, las ruinas del anfiteatro que coronó este cerro hace décadas, en la pendiente está mi casa, pero aquí… Aquí vivo realmente.
Muriel se sentó mi lado y sacó pan de lembas del bolsillo de su hoodie, ofreciéndome una parte.
- ¿Desayuno? – le pregunté a Camelia  y ella me miró…
Confusa. Sí, me miró confusa. Ella sabía que yo era consciente de su juego y aún así… Yo le ofrecía desayuno, eso la desconcertaba.
Y después me sonrió, con una sonrisa hermosa en esos labios pintados de cereza, pero era una sonrisa distinta, más genuina, ahora no estaba intentando manipularme. Y yo era feliz por eso.
Camelia se recostó a mi lado, apoyando su cabeza sobre mi hombro soltó un suspiro que me encogió el estómago de ansiedad por quererla cerca.
Comimos viendo el horizonte, más allá de la difusa división entre el cielo y el mar, aquí donde el aire delgado, vacío de la montaña nos dejaba sin aliento. Donde las oposiciones eran absurdas y el abajo no significaba más que la altura. Aquí perdimos la mirada.
Camelia era una criatura singular a la que tenía que entender antes que me llevara a mi muerte, incluso si voy feliz a ella.
Tomó mi mano y con la suya, lentamente conectó los símbolos tatuados en la mía con los dedos. Su índice sobre mi primer nudillo, el medio sobre el símbolo en el dorso; hacia la izquierda, el corazón y su meñique sobre el espacio entre mí meñique y corazón. Levanto la mirada y atrapó mis ojos, mi atención, mi realidad. Tomó mi otra mano y repitió el procedimiento con los símbolos de otro sistema de creencias tatuados en mi piel.
Estaba trazando un mensaje, un mensaje claro y fuerte, que yo entendía muy bien, sin embargo, en las notas silenciosas de su toque.
Había encontrado mi alma gemela.
Y en sus ojos, veía peligro.
Se acercó más, atontándome con la calidez de su cuerpo y aliento en mi cuello.
Y susurró algo que no entendí. Era ruido de otro mundo, incitándome en un tono burlesco y coqueto.
Susurró la última palabra contra mi piel y salió corriendo, con mi mochila.
De inmediato entré en pánico: mi mochila tenía las cosas que había robado a causa de mi hermana y no podía dejar que ella las viera. Pero detuve esa línea de pensamiento mientras veía la pequeña figura de Camelia correr entre las ruinas del anfiteatro reclamadas por la vegetación desértica. No podía perder solo mi mochila, no podía perderla a ella.
Salí corriendo sin pensarlo un momento más.
Cada pedazo de ruina marcaba la ruta que sus espacios demarcaban y gracias a los grafitis de Muriel, conocía perfectamente el trazo hasta el lugar al que sus pies la llevaban. En menos de un minuto estaba sobre ella, quitándole la mochila que tiré lejos, para que no estorbada entre nosotros. La inmovilicé contra el suelo, sujetándole las muñecas, para obligarla a mirarme. Necesitaba saber qué hay detrás de esos ojos, detrás de esa sonrisa que me vuelve loca.
Sostuvo mi mirada mientras pasaba las piernas lentamente entre las mías. Antes que hiciera algo de lo que me arrepintiera la solté y me paré, ofreciéndole una mano para ayudarla.
Ella la tomó y me empujó contra ella. Caí de cara contra sus senos y empezó a reírse histéricamente, abrazándome con todo su cuerpo, sosteniéndome cerca. Sus manos se colaron entre mi ropa y sus piernas se enroscaron sobre mí.
Sin duda me quería inmovilizar.
Pero no me molestaba.
No me quería mover.
Trazó mi espalda con sus dedos hasta mi cuello, forzándome a desenterrar la cara de su pecho. Me quedó mirando con esos ojos, oh, esos ojos y pasé mis brazos por su espalda, levantándola contra mí. Así, entre mis brazos no se sentía más que como una muñeca, delicada, suave y… vacía en una forma que no podía entender.
Camelia soltó una risilla y me apretó más contra su cuerpo. La besé lentamente y ella me respondió con intensidad que mostró con todo su cuerpo.
Me alejó para enterrarse en mi cuello, lamiendo mi piel.
- Mañana, a las 11, la dirección está en tu mochila. Necesito ayuda. – susurró y besó detrás de mi oreja antes de desplomarse.
Entre mis brazos solo quedaba una muñeca de trapo grandes ojos cafés y cabellos de lana roja trenzada.
Me dejó, ahí, solo. Respirando fuertemente contra el suelo desértico, anhelando esa calidez de nuevo.
Me levanté y me sacudí junto a la muñeca y la miré en la luz del amanecer. Estaba cocida con su cabello y sentía el patrón de símbolos en la tablilla dentro de la muñeca a través de mi palma. Para dejar esto conmigo, debía confiar en mí. Ella sabía lo que hacía y lo que yo puedo hacer; yo sabía lo que ella hacía y me encantaba.
Metí la muñeca en mi mochila y contemplé el poder que me concedía, luego miré el pedazo de papel que Camelia me había dejado. Una promesa encubierta, una condición peligrosa.
- ¿Vamos? – me llamó Muriel, acarreando mi carrito con mis compras.

La noche se cerraba encima de mí. Se cerraba como una cubierta, una cortina instalándose en el plano de la ciudad. Lamía mi cuello casi de la misma manera que lo había hecho Camelia, pero consumado por una multitud de voces, espíritus que susurran su despertar a estas horas.
Estaba parada enfrente del Teatro Dedalera. Ruinoso y apestaba a magia pútrida. No me sorprendía que este lugar fuera donde mi compañera estaba.
Suspiré y toqué el timbre, las puertas se abrieron para mí y entré, dejando atrás las manos intrusivas de los espíritus de la noche.
Ella me esperaba en medio del pasillo, una muñeca de trapo en su mano, que dejó caer cuando me vio. Me sonrió y la rigidez de mi postura se deshizo cuando me ofreció su mano. Era inconsciente, automático, inevitable. Me enrosqué entorno a ella el momento que la toqué, ella hizo lo mismo.
 - Necesito tu ayuda.  – me susurró en el oído, frotando su pierna entre las mías.
Me quería usar.
Lo sabía y no me importaba, disfrutaba la idea de ser manipulado por ella.
Me guio a las entrañas del edificio, procurando mantener contacto constante, trazando los patrones tatuados en mis manos y brazos con un toque provocativo. Su control, aunque efectivo no era total.
Me paró frente a una puerta y me besó. Había algo más en sus ojos, el miedo de que esto no estaba yendo de la manera que planeaba, pero su promesa implícita del día anterior seguía en pie. Estaríamos juntas después de esto. Después de hacer lo que ella necesitaba.
Camelia abrió la puerta y seis personas esperaban en la siguiente habitación. Se movían como uno y sus ojos estaban fijos en mí.
- Ellos son mis compañeros de teatro. – me dijo al oído, prendida de mi brazo, nuestras manos firmemente tomadas.
Luego se acercó más a mi oído, susurrándome con ese aliento cálido que hace que mis nervios palpiten a flor de piel.
- Tú puedes hacer cosas… distintas a lo que nosotros podemos… Necesito que… hagas una muñeca de mí.  – me dijo, mientras me empujaba a través de otra puerta.
Dentro me esperaba todo lo que necesito y lo que no, lo llevaba conmigo siempre. Me volví para enfrentarla. La tomé del cuello de su camisa, haciendo que nuestros labios se rozaran.
- Voy a ayudarte, Camelia. Pero necesito que hagas valer esto.  – le advertí, forzándola a tocar mis manos tatuadas, repasando el mensaje.
- Entonces fija mi forma a este mundo. – me respondió, dejando su silueta desvanecerse.
Me volví a los materiales dejados por mí, poniéndome a trabajar. Un maniquí será su base, su forma ya es familiar a mis dedos, su textura y sus marcas, sus curvas, el calor de su cuerpo.
Abrí la mochila y saqué el muñeco que me había dejado ayer. Los cabellos que mantenían la tela junta se desvanecían del mismo modo que ella lo había hecho.  El cuerpo de estas criaturas no dura más que un par de días. No tenía mucho tiempo para trabajar.

Ahí, en el rostro de un maniquí planté el beso que sellaba la permanencia del demonio de mi amante.

- Escrito 20-11-17, basado en un sueño

lunes, 13 de noviembre de 2017

Mama Juūba





I
They whisper, they whisper
about blood and blisters
behind closed doors and filthy alleys
of the bittersweet nights of New Orleans
gathered in clubs they are allies
and audience of the crimson scorpion
towering dressed in sick neon glow
marking the entrance to the gate,
to the hell-raised show.

Thick air, musk and sweat
the sweet breath at the hex’s grasp
Slow movements, trance, the outlet
of a compressed mindset clasp
the soul reaching primal source
among dirt and warm water
back to the swamp and the coarse
stone, witness to the manslaughter
of days of old.







II
Among the mass of heat
among the bodies of lust
the woman leans over the seat
as asks of tales of trust.
Her friend laughs, glass to their lips.
“There is only tales of feeling”
they reply, eyes an eclipse.
“Tales of sinister dealings
of the sign outside
that taints the wall
with an unsatisfied
demand, an un heard call”
“What do they ask for” she asks,
her feet tapping the rhythm.
“She calls us to drop the mask
to feel the symbolism
of the night”






III
“She?” is asked by her muffed voice
hidden behind the beat and lights.
“Her voice is understood only by choice,
for those behind the bar are their rights.
There was once a swamp,
you know, below the floor
and She feels our stomps
beating the lyrics of her lore”
The friend shuts and pulls her
close enough for their breath to be
felt. “She is the whisperer,
She is the mud and the tree,
She had a hut in the quagmire,
before the massacre.
She had beasts set the pyres,
before they came.
Her veins extended below the surface
She sank her toes in the ground
symbiosis was the purpose
and so she became the earth’s wound








IV
“Tales of witchcraft are your forte, my friend,
but of curses and hexes are not proper,
for her soul to transcend
is to dwell in the macabre”
said the unwilling woman
and her friend stood back
“Our mind’s blind cause our ears are human
but we dance to bear of our lack.”
The friend brought her close again
a whisper in her ear.
“But still we dance in the veins
of the craft that won’t disappear.
You only have to listen, listen
to the words lie hidden
in the neon that glisters
in the patterns forbidden.
Soon you’ll hear the words she preaches
and the magick they pose
She teaches
only her name disclose
Soon you’ll meet the freedom’s succuba
of the name Mama Juūba”


- Inspirado en el personaje de Raúl

- Written 13-11-2017

martes, 17 de octubre de 2017

Lost piece of mind

And here we are
We feed of steppes and earth
(...) a lost piece of mind...
We feed off steppes and air
(...)
We're stepping back
We're coming back
We're going to feed off the ground at high mountains and watch
We're going to feast on the spilled blood
We'll feast on clouds and watch the sky turn blank

Written 20-08-2017

30-08-2017

Drinking blood for the dead ones, she said rising the glass.
Thick red wine in a thick glass cup.

Twigs

Sometimes, in the mornings, I can only think about people as branches, as twigs. Actually, it is as thin, elongated longitudinal slices of trees with two thin branches and little foliage. That is what people are in my head until I can thread the fibers of cortex into a comprehensive set of features, a face.


Written 18-09-2017

Cartel

Pavimento húmedo se alarga entre los cerros,
serpentea delimitando la carretera.

Un cielo es un lienzo blanco de humedad
frío, cubriendo todo, todos.

No diría que es un manto, no, pero abarca
todo.
Los dedales de oro se cierran en este
ambiente, a pesar de ser octubre.
El bus va rápido e impersonal, solo el paisaje
es perceptible en la lejanía sin la distorsión
de la velocidad.
"¿ES USTED FELIZ?"
Dice un cartel negro, en letras blancas al
costado de la carretera. Se cierne sobre mí,
sobre los conductores y sus motores. 
No creo que alguien se detenga a ver ese
cartel, no dice nada más, no hay información
de contacto o auspiciador.
Alguien pagó para poner un cartel que
cuestiona la vida del lector. No en existencia,
sino en modo. No creo que realmente le
importa. 
Esas palabras no me hacen falta, ya sé la
respuesta, solo se quedan en mis ojos, en
mis retinas impresas como un documento
burocrático.
Aun así, frente a mí falta de reacción o
interés en revisar la pregunta, el cartel sigue
ahí, con figuras blancas que no me puedo
sacar de la cabeza.

07-09-2018

I feel bitter I feel like a dirty old rag that only bickers I should get that whiskey to feel as shitty as I deserve